Crítica «La buena hija» – 29 Festival Cine Español de Málaga
LO TRABAJAMOS TANTO QUE HA SIDO UN ORGULLO HACER A CARMELA
Así lo ha expresado Kiara Arancibia, la protagonista de «La buena hija», en rueda de prensa de la presentación de otra de las películas que, sin duda, va a estar en esa carrera de biznagas. El nuevo trabajo de Júlia de Paz tras sorprendernos hace 5 años con «Ama», es un reflejo de cómo sufre una adolescente el maltrato de su padre hacia su madre, y posteriormente hacia ella misma. El espectador va recogiendo la información de lo que acontece en esa casa al mismo tiempo que Carmela, la hija protagonista.
Por primera vez en este tipo de temática aparece el sentir de una hija joven cuando sus padres se separan y, además, la madre es la víctima de este agresor. Es importante resaltarlo porque dentro de este género supone una novedad, al igual que no ofrece una esperanza cortoplacista para complacer a un resultado de felicidad, si no que expone las consecuencias de estos actos machistas para que el público reflexione sobre estos temas importantes de los que no se debe dejar de hablar.
Nada más aparecer Petra Martínez ya le doy todos los premios del mundo, porque es increíble la capacidad atractiva y dulce que le ofrece a la abuela de esta familia que contiene tanto dolor. Ella se comunica por su vínculo especial con su nieta, lo hace con todos los poros de su piel y no tanto por las palabras, y es una belleza sublime cómo está pendiente de ella y le brinda su ayuda incondicional. Un caramelito para los espectadores, al igual que hay que admirar el trabajo antagonista de Julian Villagrán, totalmente fuera de los personajes alocados o excéntricos que forman parte de su amplia carrera, para envelesarnos a los espectadores con su encanto, escondiendo esa oscuridad que vamos detectando en pequeños detalles, hasta que ya resurge en todo su esplendor para que entendamos el contexto global de todo el sufrimiento por esos constantes episodios de violencia machista.
En ese guión brillante de Júlia de Paz y Nuria Dunjó, con un trabajo de investigación de unos seis años, consigue que el público vaya activando las alarmas de esos abusos con expresiones como «¿puedes parar ya de llorar?», «piensa por ti», «tu madre ya se ha encargado de que no tenga trabajo aquí» u «os lo he dado todo y me dejáis solo». Unos síntomas que nos provocan que queramos que la hija reaccione posicionándose con su madre, pero «La buena hija» es tan realista que expresa perfectamente lo que ocurre en prácticamente todos los casos, que es que los niños no pueden olvidar que son sus padres y los bloqueos son tan comunes que la mínima respuesta que van a lograr decir es «no lo sé» o «no me acuerdo». Y es de agradecer que esa circunstancia aparezca de una forma tan clara, e igualmente me ha reconfortado que se haya huído completamente de infantilización para estos casos tan graves.
También me ha encantado cómo han hablado de ese proceso en el rodaje porque explica lo buenos resultados en la película. Todo el equipo estaba unido para que la imagen respirara para los actores y para que la escucha fuera activa entre todos, y no solo los profesionales que aparecen en pantalla. Una curiosidad es que Tamara Casellas, quién fuera protagonista de la ópera prima de Júlia de Paz, ha sido la coach de Kiara para dar vida a esta Carmela con la tensión de su edad tan real y adecuadamente mostrada en pantalla.
Y para calmar esta tensión hay dos momentos brillantes en la película: el baile familiar (con una nueva conexión abuela-nieta exquisita) y las quedadas con las amigas, destacando en esos momentos que el personaje de Carmela se despoje de todos esos miedos y tensiones para expresarse en relación a su edad, con sus mismas chalauras y tonterías, y estableciendo un amor y comunicación precioso con sus compañeras de clase, logrando evadirse de su complicada rutina del día a día.
Hasta la fecha llevamos 18 feminicidios con 2 niños asesinados, con lo cual hay que seguir haciendo películas como ésta para denunciar a los machistas, y todas las conductas que los protegen. Y posicionarnos siempre del lado de las víctimas, las mujeres, los hijos y sus familias. No hay otro discurso legítimo para hablar de estos temas.






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