Crítica «Corredora» – 29 Festival Cine Málaga
CRISPY
Ante todo, y más llevando el deporte por bandera, hay que destacar de «Corredora» el gran trabajo físico de Alba Sáez que estuvo un año preparándose el personaje. En rueda de prensa hablaron de los casting exigentes para encontrar a la actriz principal, y no es de extrañar dada toda la carga dramática que va a desarrollar en toda la película. Se trabajó muy conjuntamente, entre directora y protagonista, con juegos que llevaban a esa psicósis y daban ese poso que se precisaba con tanta intensidad.
Es una película de personaje, en el que esa parte corporal forma parte de la idiosincrasia de este personaje de Cristina Vidal, que es el que lleva el ritmo de la carrera hasta el final. Y también, Alba, ha realizado un excelente trabajo en los detalles: especialmente en su mirada y en actitudes que son resultado de ese ritmo imparable de vida. Todo esa labor previa denota que ha podido trabajar muy libre y segura en todas las escenas, además hay incluso aportaciones previas de la propia intérprete cuando se rodaban esos delirios caóticos e ilógicos, lo cual nutre su trabajo de una forma más interesante.
Van a poder conocer todo lo que conlleva la presión y la ansiedad de competir en un deporte de élite, que daba al guión unos tintes dramáticos interesantes, siendo la salud mental lo que más se destaca y narrado de una manera tan abrupta, que puede conseguir dar esa voz de alarma sobre todo este nivel al que podemos someter a un joven talento, o como me ha pasado a mi, salir del cine viendo una buena historia, pero sin llegar a conectar desde esa intensidad tan alta, que no va de menos a más, si no que es muy cíclica. Aunque también es cierto que se puede comparar en otros entornos de trabajo o sociales que llegan igualmente a desencadenar ese tipo de consecuencias en las que explotamos de manera diferente.
Esto tiene que ver con que es la propia historia persona de un familiar de la directora, Laura García Alonso, que tiene una enfermedad mental, y su intención era evitar estigmatizar o, como pasa en algunos trabajos fílmicos que tratan estas sensibilidades, como antagonistas o bufones. Quería hacer este ejercicio bonito de empatía planteando el tema de una manera creíble y realista.
Dentro de ese contexto, se habla de la medicación y sus efectos en pacientes de esta índole, por lo que lo deja entrever es la reflexión que maneja un equilibrio comprensible entre la preocupación de un padre porque su hija llegue a esos extremos, y el agobio de esta protagonista al sentir en exceso esa relajación por todo lo recetado por su psicóloga.
Me ha sorprendido bastantes escenas donde únicamente escuchamos la respiración de la protagonista, porque los demás sonidos no son importantes para la comprensión general, solo esas inquietudes al respirar es lo que marca ese frenesí fuera de control. Muy acertada decisión. Además es interesante ver a estos protagonistas deportivos de esta índole, que son héroes por sus hazañas, pero que también conllevan mucha fragilidad y vulnerabilidad, además de un ejercicio personal constante de mantener esa entereza y concentración para sus siguientes retos de futuro.
También «Corredora» deja entrever si la sanidad pública tendría que explorar mejores herramientas o que se ejerza una inversión en poder anticipar estos síntomas sobre salud mental, que ayudarían a minimizar toda esta problemática, o incluso que surgieran más recursos para ayudarles en todos los procesos que se fueran necesitando.
Al final todos intentamos huir y correr de nuestros miedos y problemas, lo podemos resolver como esta protagonista desfogándose al máximo en una pista de atletismo, o buscando otras fórmulas menos deportivas. Pero al final somos las mismas personas buscando soluciones para dejar de sufrir. Y eso si que lo entendemos todos. Por lo menos es una bonita intención de apelar a ese entendimiento del espectador, y no al rechazo.






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