Crítica «Casting Lear» – Festival de Almagro
UN ACTO TEATRAL TAN REAL QUE PARECE FICCIÓN
La mejor manera en la que se puede acercar uno al teatro es desde la verdad y liberando tus miedos. Jamás pensé que una autora sería capaz de encontrar su propia terapia realizando 87 funciones de este estudio del «Rey Lear», que ningún académico ilustrado le hubiera aprobado pero que, sin embargo, se queda con el aplauso unánime de quién decide aventurarse en esta historia personal de sufrimiento, rabia y perdón.
Cada uno de nosotros, si no fuéramos capaces como Andrea Jiménez de plasmarla en una propuesta teatral, encontraríamos nuestra identificación vital en muchas de las obras de la literatura universal, pero el gran logro en este caso, es estudiar muchísimo la dramaturgia de Shakespeare, profundizar en su lenguaje de las emociones y encontrar esa inteligencia artística para que, durante una hora y media, el público no deje de estar atento a todas las multiples disciplinas desde el valor de raiz del teatro que ha plasmado en este «Casting Lear». Además muy inteligentemente se interactua con nosotros en precisos momentos de la representación, haciéndonos partícipes de todo este recorrido vital y resultando una atmósfera muy cómplice para todo esa evolución tan importante.
La creencia de que lo que narra sea más cercano a la realidad que a la ficción, o que ese actor que acepta la propuesta de la artífice de este montaje sea más conocedor o no de lo que se le va a plantear, se me queda en un plano secundario ante los dos valores fuertes que quiere remarcar en la función. El perdón y el significado que tiene el teatro. De aquí radica toda esta experiencia en la que entramos en ese espejo, para luego salir repentinamente, sorprendernos de la evolución de ese rey Lear, padre de Andrea, que decide aspectos futuros y habla de manera injusta sobre la vocación de Cordelia, que es la propia protagonista de esta representación, nos divertimos con las notas de humor tan bien preparadas para destensar el proceso y finalmente una desnudez que va de menos a más, y transcurre de manera explosiva hacia todo lo que acertadamente se quiere reivindicar, dándole vuelta a esas sentencias clásicas que se quedan en un ostracismo que no debería tener salida.
Personalmente he tenido una alegría inmensa que en mi 87 función el actor haya sido Juan Messeguer, le admiro tremendamente y me ha encantado al principio como jugaba participando relajado, hasta que todos los acontecimientos, reitero tan bien marcados y con un trabajo arduo de ordenar un puzzle perfectamente con todas sus piezas encajadas a tiempo, le han sobresaltado como persona entregándose a esa empatización del dolor, sufrimiento y especialmente esas ganas de obtener respuestas como objetivo principal de todo. Hubo un instante preciso que Andrea le marcaba como directora y él reaccionaba al momento, que me he dado cuenta que estaba viviendo un proceso de improvisación increíble que tenía luego sentido, pero si lo desligamos del esqueleto principal, ya era algo emocionante de contemplar.
No me quiero olvidar de alguien que es engranaje de esta maquina de revolución teatral excelente que es Pablo Gallego. Está magníficamente al servicio de lo que Andrea necesita expresar y denunciar con esta obra, y que en su papel de apuntador, cover y apoyo constante se está logrando que esta función sea un éxito y esté siendo tan premiadísima.
Considero que lo que estoy experimentando horas después de salir de ese Teatro Municipal de Almagro es revisar mi definición de perdón, por tanto también mi capacidad para emplearlo, y también ensalzar aún más lo que significa para mi la cultura. Le quiero agradecer especialmente a Andrea Jiménez esa defensa, desde lo más orgánico del teatro. A ella, como a mi, de diferente forma y en distintas circunstancias, nos ha salvado la vida. Cuando uno logra ese conocimiento, puede afrontar una vida con mucha sabiduría, empatía y aprendizaje continuo, y eso tiene un valor incalculable. Desde mi patio de butacas he estado a punto de levantarme en varias ocasiones a aplaudir su fuerza, que a mi a veces me falta, pero en su lucha estoy con ella desde esa nada donde lo podremos construir todo. Y recordarme, sobre todo, que siempre se puede volver.






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