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La magia de Ramón Salazar es como consigue hablar de emociones y sentimiento con su lenguaje particular, que articulado en dos increíbles actrices y un impresionante trabajo de planificación y localizaciones, logran que “La enfermedad del domingo” sea de esas películas que tienes que encontrarte bien concentrado para dejarte llevar y comprenderla, y cuando se logra, el resultado cinematográfico de disfrute es sublime.

Chiara (Bárbara Lennie) es hija de Anabel (Susi Sánchez) pero la abandona a una temprana edad y encauza una vida completamente de lujo y sin problemas económicos, hasta que ella vuelve a su vida para pedirle que pasen diez días juntas. Con este argumento podríamos pensar que se habla de venganza, pero más que de este tema, los personajes se manejan bajo el umbral del dolor y del miedo. Todo ello se ve reflejado especialmente en sus miradas, que nada más por eso deberían premiar a estas protagonistas que lo dicen absolutamente todo con sus ojos y sus gestos. Con lo difícil que es, y lo fácil que parece que lo hacen.

Ambas intérpretes tienen una evolución muy interesante, especialmente en el caso de Susi Sánchez que sí que pasa por muchas más etapas diferentes, y el de Bárbara Lennie también, aunque para mí, en su caso, lo más interesante es cómo pone a todos a prueba de lo que ha sufrido y cómo intenta hasta llamar la atención para obtener ese cariño del que ha carecido toda su vida. Al final refleja con esa forma poética que define el cine de Ramón Salazar, nuestras propias relaciones, sean más identificables con nuestra propia vida real o no, pero que son totalmente reconocibles.

El gran salto de calidad creo que el director lo ha dado en cómo presenta las escenas a medida que va avanzando la película. Jugando con las geometrías de los espacios y el propio vestuario de las intérpretes. Buscando ese primer plano que difumina al segundo, sin que deje de tener su importancia y, a la vez, con un color que define y acentúa mucho más lo que quiere expresar en cada momento. Mostrando al espectador lo que le interesa, y simplemente por lo que escucha, puede dibujar cómo es lo que está pasando hasta que la cámara decide mostrarlo, y concuerda más o menos con esa imagen que hemos intuido. Una estética de thriller a lo hitchcock especialmente en la primera parte de la película, y más aún con esos recogidos de Susi Sánchez. Y finalmente, unas transiciones muy diferentes que permite, que aunque “La enfermedad del domingo”  transcurra de una manera más parsimoniosa, lo cierto es que está plena de dinamismo y el público no puede dejar de perder la atención en ningún instante.

Una labor más que destacable la de Ramón Salazar, quién si hace transcurrir tanto tiempo para dirigir entre historia e historia, le permito siempre el que quiera tomarse si consigue resultados tan necesarios para sentir en una pantalla cinematográfica. Abstenerse personas que no quieran descubrir de una manera apasionada y sin ninguna imposición de reglas tangibles y claras, como por ejemplo tener toda la información desde el principio de primera mano. La propuesta de “La enfermedad del domingo” precisa de comprensión, sensibilidad y concentración muy cercana desde el primer segundo de película. Y no se arrepentirán de ejercitar el corazón ante la relación de esta madre e hija, que enseña tanto sobre la condición humana.

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